Si quisiera ser un ave, sería una golondrina

Me llamo Laura, tengo 33 años, soy madre soltera por decisión y también soy una madre migrante. Llevo una doble vida en Illinois, una que vivo en las sombras, ya que como migrante no puedo conseguir un trabajo formal, mis jornadas son de 12 o 16 hrs. diarias, a veces no veo a mi hijo pues cuando llego a mi cuarto él ya está dormido. Mi otro trabajo, es luchar por los derechos de las mujeres migrantes y el de sus hijos….

 

Llorar, llorar ya no puedo, sólo me queda reír, así no dejo que Toch me vea triste, que me vea llorar, yo tengo que ser fuerte porque tengo que ser padre y madre, migrante, trabajadora y defensora al mismo tiempo. A los 24 tuve a mi hijo una hermosa criatura de ojos negros que ha sido mi felicidad y mi inspiración a seguir siendo fuerte.

 

Cuando llegó Toch todo iba bien, su papá tenía un trabajo modesto y yo intentaba continuar mis estudios; sin embargo tuve que dejarlos porque lo que él ganaba no nos alcanzaba. Sin embargo aún así no llegábamos a fin de mes, es así que un día empezamos a discutir por cuestiones de dinero ya que no nos alcanzaba, no había comida en casa ni las rentas. Un día la pelea subió de tono y me golpeo. La primera vez, se lo perdoné pero ese fue mi error ya que cuando pegan una vez, pegan para toda la vida y un día decidí dejar esa vida.

Cuando regresé con mis papás ya todo era diferente. Yo regrese buscando una familia, pero eso ya no existía. Recuerdo cuantas veces les pedí que me ayudaran con mi niño mientras yo trabajaba, pero siempre había un pretexto. Así que me arme de valor y decidí salirme y rehacer mi vida. Iba de un sitio a otro sola yo con mi niño, pidiendo favor a mis amigos.

  • Amar se había vuelto sinónimo de violencia.

Tenía que cambiar esa vida por mi bien y la de mi niño y por eso decidí irme con un familiar al otro lado.

No había lugar para mí con mi familia, no había lugar para mí como madre soltera en la sociedad, así que un buen día cogí mis cosas, lo que puede meter en una mochila, y me lleve a mi niño, los dos, sólo él y yo.

No quiero ni recordar lo que fue es momento de decidir que me tenía que llevar. Y así con mi vida en mi maleta y con mi futuro en la mano, me fui pa el otro lado con un tío que está en Illinois.

En el camino pasan muchas cosas.  Una tiene que hacer muchas cosas, pero todo vale la pena por mi hijo. Todos los días es una lucha no sólo por mí, sino por el resto de mujeres y niños migrantes que salen de casa por la violencia.

Cuando llegué a Estados Unidos, me di cuenta que no era la única en esa situación así que decidí hacer algo.

 Durante todo mi tiempo en Estados Unidos, he escuchado las historias de otras madres que al igual que yo, han sufrido la violencia en el hogar, por parte de sus parejas.  Pero un buen día me sorprendió un operativo en la fábrica me detuvieron por un tiempo y luego me deportaron. Mi hijo se quedó  allá pero ya voy de nuevo, porque no lo puedo dejar solo… Mi hijo es mi inspiración, es mi mundo es mi vida, pero también esas madres que hoy están viviendo en carne propia la violencia.  Eso fue lo que me motivó ser defensora de los derechos de las mujeres migrantes. Como madre que ha sufrido la violencia y después de todo lo que he vivido por ser migrante madre soltera, no puedo dejar que ni una más de las mujeres que son víctimas en estas mismas circunstancias pasen por lo mismo que yo.