20 años siendo las madres de la migración

La madre no solo es la dadora de vida, sino también el consuelo en un momento de angustia, el refugio ante el dolor, el calor frente a una borrasca helada, la primera imagen en la vida y el último pensamiento al morir. Salvadora incluso de pueblos.  Mami, madrecita, má, mamita, patrona, al final….madre. Dentro de la cultura latinoamericana, la figura de la madre evoca a un símbolo que se conserva en la memoria y en el pasado de los pueblos latinoamericanos. En México, la madre es lo sagrado y lo profundo, símbolo de adoración y respeto, colocada en el pináculo de las familias por ser la epifanía que une lo tangible y mundano de la vida, con lo sagrado y divino.

La madre representada en la Virgen de Guadalupe se entroniza como La Patrona de las Américas. Protectora y salvadora de pueblos. Hoy en día un grupo de mujeres de Amatlán de Los Reyes Veracruz-México, se han volcado a ayudar al desamparado, llevar consuelo al afligido, alivio al doliente. Estas mujeres, madres, hoy son llamadas Las Patronas.

Un fragmento de la historia de las patronas contado por Norma Romero miembro-fundadora de “Las Patronas”

“¡Madre tenemos hambre!, ¡madre tenemos hambre regálanos un pan!

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La historia empieza una mañana de febrero de 1995 cuando mis hermanas Rosa y Bernarda fueron a comprar el pan y la leche para desayunar. Cuando el tren  circulaba despacio, en ese momento pensaban que la gente que venía en el tren era mexicana y que se subía para aventurarse. Imaginaban que como no les cobraban el transporte se podían subir.

La gente que iba les gritaba y les pedía que les regalaran comida, entonces una de ellas les tiró la bolsa de pan y vino el grupo de atrás y también les pedían, entonces les lanzaron las cajas de leche. Cuando llegaron a casa, mi mamá les preguntó qué habían hecho con el pan y la leche que les había encargado y ellas comentaron:

  • Fíjate mamá que la gente que va en el tren no es mexicana porque tienen un acento distinto y como nos gritaron que tenían hambre les dimos el pan y la leche.

Al ver lo sucedido la familia reunida decidimos hacer taquitos, arrocito, huevitos y frijolitos. Al día siguiente con lo que preparamos hicimos 30 lonches y resulta que mi apá dijo:

  • Bueno les van a dar el taco, ¿y qué van a beber?, ¡llenen botellitas de agua!   

Las botellitas de agua no las podían agarrar porque se les resbalaban de las manos, llegamos a casa y le comentamos  a mi “apá”, quien nos sugirió que con una cuerda las amarráramos de dos en dos; sin embargo mucha gente se fue sin comida puesto que pasaban como alrededor de 600 personas, al ver que no era suficiente mi mamá y nosotras decidimos salir a pedir ayuda en el pueblo. Así fue que nuestras vecinas empezaron a darnos comida y a ayudarnos a repartir y llegamos  a ser un grupo de 25 mujeres.

 

Nuestro trabajo no ha sido fácil, hace 20 años ayudar a un indocume1304015408107-ESPERANDO-HAMBRIENTOS-PATRONAS-ENTREGAR-MIGRANTES_CLAIMA20110403_0086_9ntado era un delito, por lo tanto teníamos que tener cuidado. Además nunca han faltado losmalos comentarios de la gente:

  • Esas mujeres están locas….que ayudar al migrante es un delito…. que las van a acusar de polleras (traficante de migrantes).

Algunos esposos empezaron también a limitarles por el miedo a tener problemas. De las 25 que éramos quedamos 15 de las cuales hoy en día solo estamos 14.

Un momento que me marcó la vida fue una noche de 1996 cuando terminamos de dar la comida, cerca de las 11:30 de la noche llegó una compañera del grupo y toca la puerta y me dice:

  • El tren se acaba de parar y trae como quinientas personas pero viene un enfermo y aquí está su esposa y un compañero.

Salí de casa para  ayudar y…

  • Ayúdame por lo que más quieras me dijo una mujer arrodillándose frente a mí, inmediatamente la levanté. Ésa era la señal que yo necesitaba, fue ese el momento que cambió todo en mi vida.

Agarré la camioneta de mi esposo y no pensé que en 1996 era delito ayudar a un indocumentado, solo salí y les dije que me llevaran donde estaba su esposo, llegamos y vi la multitud de gente que estaba en el tren, llegué a las vías y  dije a Dios,

  • Señor si tú me pusiste aquí, tú me vas a ayudar.

En ese momento algo me cubrió desde la cabeza hasta los pies, nunca he vuelto a sentir algo similar. Fue como un cobijo, como si alguien me hubiese abrazado, como si alguien me hubiera quitado la venda de los ojos, desde ahí perdí el miedo con la certeza de que Dios estaba actuando y que quería mi servicio. Es como si Él me hubiera dicho: “ahora sí, ven y trabaja.”

 

La gente piensa que esto es como un negocio, yo siempre les digo que sdescargai fuera así no fuéramos 14 mujeres seríamos 100. Es muy fácil hablar pero tampoco tienen la capacidad de acercarse y ver como lo estamos haciendo y mucho menos involucrarse sabiendo que no van a recibir más que las gracias. Y las que se han acercado solo permanecen  una semana y se van, porque no es del corazón y esperan recibir algo más… leer más

https://cronicasdeunainquilina.wordpress.com/2015/02/08/las-patronas-20-anos-de-entrega-a-los-migrantes-indocumentados/

En los veinte años que llevan ayudando a los migrantes centroamericanos, Norma, Leo, Rosa, Claudia, Bernarda, Lourdes y el resto de mujeres, se han vuelto Las Patronas, las madres de los migrantes, las que sin conocerlos les llevan consuelo y alivio en esos momentos de desesperación y angustia. Las Patronas son las que están incluso en esos últimos momentos, las que cogen la mano del migrante y lo reconfortan en su dolor.

 

En este 10 de mayo, Las Patronas serán como lo han sido desde 1995, las madres de la América migrante No recibirán flores, ni mariachis, ni regalos, sino únicamente un

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¡Gracias madre!

 

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